Equipo Premezclado
Publicado el 2026-09-16
La pregunta llega siempre tarde: con la cisterna ya fisurada o el sótano con humedad en las paredes. Y en ese momento las opciones son caras y molestas. Decidir antes cómo se va a impermeabilizar un elemento enterrado o en contacto permanente con agua es una decisión de proyecto, no una compra de última hora. Hay dos estrategias, no son excluyentes y cada una resuelve un problema distinto. Esta guía explica qué hace cada una y cómo se combinan.
En resumen: el aditivo actúa desde dentro del concreto, reduciendo la porosidad y la absorción capilar de la masa; la membrana actúa desde fuera, poniendo una barrera continua entre el agua y el elemento. El aditivo no cubre fisuras, juntas ni pasatubos; la membrana sí, pero es vulnerable si se daña durante el relleno. En elementos enterrados importantes se suelen usar los dos, y en ningún caso sustituyen a un concreto bien dosificado, bien vibrado, bien curado y con las juntas resueltas.
Por dónde entra el agua de verdad
Antes de elegir producto conviene saber contra qué se está peleando. El agua entra por cuatro caminos, y no todos se combaten igual:
- La porosidad de la masa. Un concreto amasado con mucha agua tiene poros conectados. Es el camino lento y difuso, el que produce paredes que «sudan».
- Las juntas. Entre la losa de fondo y las paredes, entre tongadas, y en cualquier junta fría no prevista. Es la vía más frecuente y la que más caudal deja pasar.
- Las fisuras. Sobre todo las de retracción, que aparecen si el elemento se seca rápido o si el acero repartido es insuficiente.
- Los pasos de instalaciones. Tuberías, pasatubos y anclajes que atraviesan la pared. Casi todas las filtraciones puntuales salen de aquí.
Sólo el primero de los cuatro lo resuelve un aditivo. Los otros tres son ejecución y detalle constructivo. Por eso la frase más útil de esta guía es la más aburrida: el mejor impermeabilizante es un concreto bien dosificado, bien vibrado y bien curado.
La vía del aditivo: impermeabilidad desde dentro
Los aditivos que se emplean con este fin trabajan de dos maneras complementarias. Unos reducen el agua de amasado necesaria para una consistencia dada: con menos agua hay menos poros conectados, y ese es el factor que más influye en que un concreto sea o no permeable. Otros actúan como hidrófugos o reductores de absorción capilar, dificultando que el agua se desplace por los poros finos.
Lo que un aditivo hace bien:
- Reducir la absorción de agua de la masa y su paso a través de ella.
- Permitir trabajar con una mezcla manejable sin subir el agua, que es lo que de verdad decide la porosidad.
- Proteger la totalidad del espesor, no sólo la superficie, y por tanto no dañarse con el relleno ni con el tiempo.
Lo que un aditivo no hace:
- Sellar una fisura, una junta fría o el contorno de un pasatubo.
- Compensar un vibrado deficiente: un nido de grava sigue siendo un agujero.
- Sustituir al curado. Un concreto que fisura por retracción filtra por las fisuras, lleve el aditivo que lleve.
- Autorizar a añadir agua en obra. Está tratado en por qué no agregar agua al concreto en obra.
Un punto práctico importante: el aditivo lo dosifica la planta, en la planta, con su equipo. No es algo que se eche en el camión en la obra ni que se compre por separado y se mezcle a ojo. Hay que pedirlo al hacer el pedido, diciendo para qué elemento es. Lo mismo aplica a cualquier otro aditivo, como explicamos en aditivos para concreto: cuándo y cuáles.
La vía de la membrana: una barrera por fuera
La membrana es una capa continua aplicada sobre la cara del elemento en contacto con el agua o el terreno. Las hay de varias familias: láminas prefabricadas que se sueldan o se adhieren, productos líquidos que forman una película continua al secar, y morteros de base cementicia que se aplican sobre el concreto ya endurecido.
Su ventaja es evidente: cubre lo que el aditivo no cubre, porque pasa por encima de fisuras pequeñas, de juntas y del contorno de los pasos de instalación, siempre que esos puntos se traten con los refuerzos y las piezas específicas de cada sistema.
Sus debilidades también son claras:
- Es tan buena como su continuidad. Un solape mal hecho, un rincón sin refuerzo o un pinchazo bastan para que el agua entre y circule por detrás, y entonces la filtración aparece lejos del punto de entrada.
- Es vulnerable durante el relleno. Una piedra del material de relleno puede dañarla; por eso muchos sistemas exigen una capa de protección.
- Exige superficie preparada: limpia, sin lechada suelta, sin nidos de grava, con los ángulos redondeados según pida el fabricante.
- Es difícil de reparar una vez enterrada.
Y una precaución concreta para cisternas de agua potable: cualquier producto aplicado en la cara interior tiene que ser apto para contacto con agua de consumo. Es una comprobación que se hace con la ficha técnica del producto, no de oído.
Cómo se comparan
| Criterio | Aditivo en la masa | Membrana exterior |
|---|---|---|
| Dónde actúa | En todo el espesor | En la cara expuesta |
| Porosidad de la masa | La reduce | No la cambia |
| Fisuras y juntas | No las cubre | Las cubre si se refuerzan bien |
| Pasos de instalaciones | No los resuelve | Los resuelve con piezas específicas |
| Riesgo de daño | Ninguno: está dentro | Alto durante el relleno |
| Quién lo ejecuta | La planta, al dosificar | La obra, con personal formado |
| Reparable después | No aplica | Difícil si está enterrada |
La respuesta habitual: las dos
En un sótano habitable o en una cisterna enterrada, la práctica sensata es combinar ambas estrategias en un sistema con varias barreras: concreto de baja permeabilidad con aditivo, juntas resueltas con sellos previstos en el proyecto, pasos de instalación tratados uno a uno, membrana exterior donde el terreno lo exige, drenaje que evite que el agua se acumule contra el muro, y curado cuidado para que no aparezcan fisuras de retracción.
Ninguna de esas barreras es redundante: cada una cubre un camino distinto del agua. Y el orden de importancia no es el orden del catálogo: primero la ejecución, después el drenaje, y sólo al final los productos.
Qué preguntar y a quién
- Al proyectista: qué nivel freático hay, qué sistema define, qué juntas y sellos, qué recubrimiento y qué acero repartido.
- Al estudio de suelos: si hay agua y a qué profundidad, y si el terreno drena o retiene.
- A la concretera: qué aditivo propone para el elemento, cómo lo dosifica y qué asentamiento y agregado recomienda para un muro delgado y muy armado.
- Al proveedor de la membrana: qué preparación de superficie exige, cómo se resuelven ángulos y pasatubos, y qué protección necesita antes del relleno.
- A la obra: quién vibra, quién cura y quién revisa la membrana antes de tapar. Si no hay respuesta a esta última, el sistema ya tiene un punto débil.
Con el sistema decidido puedes pedir cotizaciones indicando que es un elemento enterrado y estanco, que es el dato que cambia la propuesta técnica.
Sigue leyendo: Muro de contención y cisterna: qué mezcla pedir, Junta fría: por qué aparece y cómo se evita y Curado del concreto: los primeros siete días.
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